viernes, 26 de abril de 2013

El secreto del huevo azul



Ayer les contaba que había ido a hacerme un regalo a la librería pero no les dije cuál me había llevado finalmente. Fue EL SECRETO DEL HUEVO AZUL, escrito por Catalina González Vilar, ilustrado por Tomás Hijo, publicado por SM en 2012 y ganador de El Premio Barco de Vapor 2012. Tenía ganas de hacerme con él desde hace meses porque me llamaba muchísimo la atención su edición y por fin me lo llevé y lo leí.

Qué grata sorpresa. En primer lugar, su edición. De formato cartoné y grandes dimensiones, se trata de una novela ilustrada (muy ilustrada para las que suelen encontrarse dirigidas a este grupo de edad, entre 8 y 10 años), estupenda para los lectores que ya están empezando a leer novelas sencillas. La frescura, habilidad y buen gusto con que Catalina nos cuenta la historia, lo interesante de la misma y la calidad de las ilustraciones de Hijo hacen que 160 páginas sean 160 pasos a lo largo de un surrealista cuento de hadas repleto de simbolismo.

La historia cuenta las peripecias del pequeño príncipe Rolav, que vive en el reino de Dadrev, al que encargan cuidar de un huevo azul. Cuando se abre, Rolav no está atento y el animalillo que lo habita escapa. Cuando le preguntan qué contenía el huevo, inventa una mentira. A partir de aquí, ha de viajar al País de las Mentiras, donde todos los embustes que uno inventa se hacen realidad, para poder traer de vuelta lo que ha imaginado (una lagartija azul). Con ayuda del mago Noisuli llegará a conocer a Rignif y la princesa Aritnem (a estas alturas ya nos habremos dado cuenta del juego que hace con los nombres), que le ayudarán en su búsqueda.

El despliegue de personajes fantásticos procedentes de las mentiras de los humanos, como los yonohesido o los rumores hacen imaginar al lector, así como reflexionar sobre los caminos más o menos transitables de la moral; eso sí, con un tono en ocasiones especialmente didáctico pero siempre literario.


Lo que más me ha llamado la atención, como digo, ha sido la maquetación, el diseño y las ilustraciones. Los colores están usados en cada página de modo que el ojo no se cansa ni del color ni de la forma de las ilustraciones (salvo en una ilustración concreta con fondo rojo). No favorecen especialmente la comprensión lectora, pero sí dotan al texto de simbolismo y juegan mucho con la perspectiva y los puntos de vista en la imagen. Con gran cantidad de formas geométricas, simetrías y contrastes de color, conforman el espacio en el que el texto se encaja.

En fin, me ha parecido una obra merecedora del premio que ha ganado, la recomiendo y sé de buena tinta que muchos lectores de estas edades, mayores e incluso más pequeños (a quienes se les ha leído la historia) han disfrutado de lo lindo.

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