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domingo, 2 de diciembre de 2018

Casas de Luz


Es una suerte poder estrenar una sesión en diciembre. Es una suerte poder estrenar esta sesión, así, en general.
Hace un año y un mes, en Escocia, leí una historia, una leyenda Selkie recogida por Duncan Williamson y le dije a mi querido David Campbell: David, esta historia la quiero contar. Voy a crear una sesión sólo sobre faros para poder contarla. 
Pasábamos una semana juntos en aquellos días y durante varios se fue acordando de cosas y contándome. Me narró una leyenda escocesa sobre un faro, un sucedido real. También me habló del abuelo de Stevenson, que había construido un faro. Y esas fueron mis primeras anotaciones.

Decidida, a mi vuelta, escribí a Soledad Felloza, cuyo Festival Atlántica tiene el logo de un faro y le dije con esa impulsividad que en tantos líos me mete: Para marzo tendré lista una sesión sobre faros, me encantaría contarla en tu Festival. 
Pero la sesión no llegó a tiempo. Los faros necesitaban calma y en el Atlántica conté otras cosas.
Después sería en verano. Luego en octubre. Finalmente en diciembre.

A principios de este año mis compañeros Diego G. Reinfeld y Fabio González, que coordinan el ciclo de cuentos para personas adultas "Palabras Desnudas" en el TEA, solicitaron el envío de propuestas de sesiones y envié esta. Ya el título estaba claro y el contenido, en parte, también. 

Y entonces comenzó un proceso creativo diferente a los que he vivido hasta ahora. Han sido pocos porque las primeras sesiones para personas adultas que hice eran un conjunto de tres o cuatro cuentos de autor o tradicionales que me habían gustado, que tal vez podían ser unidos por un hilo conductor. 
Luego vino DEL NORTE VENGO, basada en las vivencias e historias escuchadas en Escocia. Después, este.

Y la pasión me ha podido. Desde el principio dije a todo el que me quiso oír que estaba con una sesión sobre faros entre manos. Que se llamaría CASAS DE LUZ por la traducción literal del vocablo inglés LIGHTHOUSE. 
Y según iban avanzando los meses empecé a contar a mi gente las anécdotas que iba encontrando, a compartir datos, información curiosa o que me llamaba la atención. Todo el año los faros me han acompañado, han estado ahí. Y he ido tomando notas, escribiendo referencias, preguntando, leyendo. Todo iba a un bloc de notas en el móvil y a una carpeta en el escritorio del portátil. Según se iba acercando la fecha de estreno me daba más miedo sentarme a "cerrar" lo que sería la sesión. Pero ha sucedido. Una mañana me he sentado y las piezas del puzzle han encajado. Ya había suficiente como para revisar, reescribir, eliminar. Y eliminé del repertorio el cuento primigenio, el que había sido la razón para hacer la sesión. Se ve que encontré otras razones. Y bueno, ahora sí puedo contar. Llegó el mes. 

Lo más valioso del proceso ha sido el amor que me ha llegado de tantas formas. Todas las veces que alguna persona vio un faro estando de vacaciones o viviendo cerca de alguno y lo fotografió para enviármelo. Todas las reseñas o cubiertas de libros en librerías que trataban el tema, el envío de poemas, textos propios, canciones en las que aparecían. Una imagen de un escaparate con faros tamaño gigante con luz incluida, por si quería uno. Amigas, familia, que han venido conmigo a visitar faros, que me han dado la mano en el apasionamiento y no me han soltado. 

Mi casa de luz ha sido esa. Estreno una sesión repleta de cariño. No tengo ni idea de cómo irá, de cuántas veces se hará, de si gustará o no. No sé nada. Lo único que quiero y que me importa es contar, compartir las historias. Y tendré la suerte de poder hacerlo dos veces este mes. ¡Dos veces! Eso en una isla sin programación estable de narración para personas adultas es un lujazo. 

Y no estaré sola. Desde el principio imaginé la sesión junto a un chelo. Y podrá ser. Estará Silvia Díaz conmigo, arco en mano. 

Tengo tan poco miedo y tantas, tantas ganas. 

Les espero, familia. Ambas sesiones serán con aforo limitado. La del 20 de diciembre en el TEA requiere inscripción en este enlace en el que pronto encontrarán la información: http://www.bibliotecaspublicas.es/santacruztenerife/espo.htm

El 28 de diciembre en Adeje el aforo es limitado sin inscripción, pero allí cabe poquita gente, ténganlo en cuenta. 

Gracias. Gracias. Gracias. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Bailar pegados es bailar, o la experiencia de traducir del español al inglés y vuelta.

Este pasado mes de octubre y principios de noviembre lo he pasado fuera de casa, entre trenes, barcos, guaguas, coches y taxis, hoteles y amigos. Viajando feliz desde el  Festival Internacional del cuento de Edimburgo hasta Gran Canaria, y de ahí vuelta a casa, a seguir trabajando en Tenerife.  

Podría decir que en lugar de venir de trabajar, vuelvo de un baile. Recuerdo el cuento de la princesa de los zapatos rotos, que escapaba cada noche a un mundo subterráneo repleto de espíritus malignos que la tenían embrujada y la obligaban a bailar cada noche. Ella, aunque hechizada, regresaba contenta y cansada, con los zapatos rotos.

En este caso, mis espíritus benignos han sido dos grandiosos compañeros: Wayqui, narrador peruano con el que he contado en Escocia, y David Campbell, narrador escocés con el que he contado en Gran Canaria. Con ellos he bailado durante horas y días. Hemos bailado los cuentos del español al inglés y del inglés al español. Hemos seguido el ritmo, hemos girado, nos hemos pisado, hemos reído, nos hemos cansado juntos. Hemos compartido nuestro baile con cientos de orejas y ojos que han venido a escuchar cuentos a dos voces, a dos lenguas.

Traducir a Wayqui no es nuevo. El año pasado ya compartimos escenario en Edimburgo. Pero este año nos hemos ido de gira, nos han llevado de tour por las islas del oeste y hemos conocido público muy variado y visitado pueblos costeros bellísimos: Bowmore en la isla de Islay, Campbelltown y Lochgilphead. Estamos tremendamente agradecidos al Scottish Storytelling Centre por habernos vuelto a invitar este año. Las historias surgían del variado repertorio de mi compañero según se sintieran en el momento, lo que hacía que todo transcurriese de un modo cálido y cómodo, a pesar de que algunos cuentos eran nuevos para mí y dificultaban la traducción. La experiencia ha sido magnífica de nuevo y estoy deseando repetir.
Traducir a David al español sí que ha sido completamente nuevo. Sus cuentos, más literarios y poéticos y su ritmo, más pausado, me hacía preguntarme cómo resultaría contar con él. Contábamos dentro de la programación de los Cuentos de Miedo de la Biblioteca Insular de Gran Canaria, junto a mi compañero grancanario Néstor Bolaños. La sesión no fue exclusiva y específica de David sino que, en esta ocasión, la preparamos a dos manos. Por un lado, él partió de canciones escocesas (a través de las canciones es como suelen contar gran parte de las historias) y yo extraía la narración y la preparaba; también incluimos sucesos reales que acontecieron en el sangriento Edimburgo del siglo XVIII y alguna historia tradicional de fantasmas del norte de Escocia, del repertorio de David.


Lo que compartí con ambos fue similar y fue, insisto, un baile. Cuando observo las fotos y nos veo haciendo los mismos gestos a la vez, me doy cuenta de lo que importa estar muy presente en la historia que estás traduciendo para que no se pierda nunca el ritmo. La historia es una aunque nosotros seamos dos, las lenguas son dos aunque la historia sea una, y cada uno cuenta a su manera. No traduzco exactamente lo que dicen, la historia pasa por mi filtro como narradora y se impregna de mi estilo, de mis formas, de mi vocabulario. Aprendí a respetar sus tiempos, los tiempos del cuento y también a pisarles si hacía falta en algún momento si la historia lo pedía. Durante una persecución o describiendo un crimen, las palabras iban casi a la vez, corrían y se deslizaban en las dos lenguas hacia los oídos del público. En los momentos calmos o descriptivos todo se frenaba y cada uno se tomaba su tiempo. 

Las críticas recibidas en ambos lugares han sido muy positivas y le cogí tanto el gusto a esto de traducir que el pasado viernes, cuando tuve que contar cuentos para adultos yo sola me sentí… bailando sola. Y bailar de lejos no es bailar. Me encantó bailar pegados. Gracias Wayqui, gracias David.