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domingo, 24 de septiembre de 2017

¡Caracoles!

¡La editorial OQO ha vuelto a editar CARACOLES y ya está en mis manos!


Vienen en una caja con cinco libros de cartón, cuadrados, en una edición muy cuidada y bonita. Están escritos por Armando Quintero e ilustrados por André Letria. Los títulos son: Caracol y Gusanito, ¡Navega, Caracol!, Caracol y Hormiga, ¡Qué susto! y Caracol y Caracola. 

Son cinco cuentos breves y sencillos (que no simples) donde el protagonista es Caracol, que se relaciona con personajes como Caracola, Hormiga, Gusanito, Paloma Blanca, las ranas, el gato Marujo o la perra Fifí.

Los temas que abarca son muy cercanos a los más pequeños: descubrimiento de sí mismo y el mundo que le rodea, de la amistad, de los primeros conflictos y aventuras, contacto con la naturaleza y disfrute de la misma…

Me gusta especialmente que consista en varios títulos sobre el mismo protagonista, que sea una  “serie” en la que puedes identificarte y conocer más sobre el personaje que te gusta.


Para estas edades es maravilloso encontrar libros con fondos planos y personajes definidos, en este caso utilizando una paleta de colores pastel, nada estridentes. 

Son un punto de partida estupendo para contar, cantar y conversar con los más pequeños.

Algunas ideas:
→¿Qué tal si comenzamos cantando la canción de CARACOL, COL, COL antes de cada libro… y seguimos a los animales que van apareciendo en ellos?
→Podemos contar las ranas que aparecen en “Navega, caracol”, cantar CUCÚ, CANTABA LA RANA, utilizar algún instrumento para seguir el ritmo, como una rana de madera.
→Inventar un gesto para imitar el movimiento del caracol sobre el cuerpo del bebé, como ✌ mientras arrastras la muñeca de tu brazo por su cuerpo.
→Podemos exagerar mucho al contar “¡Qué susto!” , elevando la voz cuando se acercan los peligros y bajándola cuando se alejan y pueden continuar su camino.
→O… ¿qué tal coger una hoja de lechuga e imitar a Caracol, Gusanito y la Paloma blanca comiendo mientras les mostramos “Caracol y Gusanito”?

Además, OQO cuenta con un canal Youtube donde puedes ver los cortos que han creado a partir de estos libros. ¡Un aderezo estupendo para que conecten aún más con los personajes!


¡A caracolear!

martes, 11 de abril de 2017

El patio de doña Amelia


A punto de coger camino hacia unos pocos días de descanso, les dejo un ratito en EL PATIO DE DOÑA AMELIA.

Escrito por Arturo Abad, ilustrado por Leire Salaberría y editado en 2014 por ALBA, es una verdadera delicia para saborear despacito.

Las trabas de la ropa (pinzas las llaman en la península) son mi debilidad. Me encanta su forma sencilla y la variedad de utilidades que ofrece, me llaman la atención desde muy pequeña.

La cubierta nos muestra a Doña Amelia tendiendo. La contracubierta, el resto del tendedero. Las guardas, un sinfín de trabas libres de cualquier liña de ropa. La portada, un señor barbudo rodeado de pájaros sentado sobre lo que parecen piedras. Pero no lo son.

Este libro cuenta que sobre cada patio de la tierra existe un tendedero en el que los dioses cuelgan su ropa. Si las trabas se caen, puede que un dios despistado toque a tu puerta para recuperarla. Doña Amelia es la gruñona dueña de un hermoso patio y, debido a su humor, ningún dios quiere tender sobre él. Lo echan a suertes y le toca al dios Ramón tender sobre el patio de la señora. Es el dios de los gorriones y está siempre rodeado de ellos. Pierde pinzas, sí, pero los gorriones siempre las recuperan. Un día, sus gorriones comienzan a desaparecer. Cuando ya no queda ninguna y una pinza cae… tiene que ir a buscarla al patio de la temida doña Amelia.  ¿Encontrará su pinza? ¿Y a sus pájaros? ¿Y algo más?

Me maravillan la facilidad que tiene Arturo para escribir sobre el amor. Sus ideas son originales, su prosa es poética, estupendamente escrita, sin resultar en ningún momento ñoña o cursi. La historia es arriesgada. ¿Un dios y una tendedera? Sin embargo, es accesible, perfectamente resuelta, y permite más de una lectura y un final abierto a un sinfín de posibilidades.

La ilustradora ha combinado trazo y collage para crear unas ilustraciones deliciosas, delicadas, precisas y preciosas.

¡Les dejo esta ilustración para que vayan haciendo boca en lo que leen la historia, totalmente recomendable!



viernes, 24 de marzo de 2017

Colección PEQUEÑOLÓGUEZ

Desde que la conozco, la editorial Lóguez ha sido una de mis favoritas, de las que sigo, una de esas a la que acudir cuando se busca calidad, cuando se quiere algo diferente y bueno, cuando deseas sorpresas, cuidado, delicadeza, cariño, humor y, especialmente, manterte lejos de ñoñerías, imposiciones de valores moralistas y libros receta.

Últimamente estoy muy atenta a sus títulos para los más pequeños y la verdad es que no tienen desperdicio. En su colección PEQUEÑOLÓGUEZ han publicado desde 2015 una serie de libros escritos por Cédric Ramadier e ilustrados por Vincent Bourgeau que han ido directamente a mi repertorio. Son libros de cartoné cien por cien interactivos, que no tienen sentido sin la implicación absoluta y directa del lector.

Empecemos por ¡Que viene el lobo!
Este libro lo conté por primera vez en Edimburgo, en inglés a niños españoles y en español a niños escoceses, todos ellos menores de cuatro años. Un éxito rotundo. El lobo se acerca lentamente, con cada paso de página la narración avanza tensa, pero, menos mal, el texto nos da instrucciones para deshacernos de él. Nos dice que inclinemos el libro, de manera que el lobo, en la siguiente página, se está cayendo porque el suelo se ha inclinado. Nos dice que demos la vuelta al libro y, vaya, el lobo casi se cae, pero se ha agarrado a una rama. Y así hasta el final. ¿Conseguirá el lobo llegar hasta nosotros? Los niños no paran de reírse cuando ven al lobo sufriendo las consecuencias de nuestros movimientos con el libro. Absolutamente recomendable.


Por otro lado, Comer un lobo, un libro alegremente irónico.
Desde la primera página el mira directamente al lector. En la página impar se encuentra el texto, en páginas que van cambiando de color. En la página par, el cerdito va enumerando la receta para Comer un lobo. Quiere cambiar la historia. Está harto de que el lobo siempre termine comiéndose al cerdito, así que hoy va a ser él el que se coma al lobo. Desgraciadamente, él no tiene un lobo. Pero cuando mira en la despensa… ¡ahí está! Y mientras él sale corriendo disparado y en la imagen le vemos huir, el texto nos dice sus palabras: Siempre la misma historia…


Por último, El libro que duerme.
El propio libro es el protagonista. Todo él como formato en las páginas pares. En las impares, sobre fondo del mismo color, aparece un ratoncito que se dirige al lector y le pide que pregunte al libro si está preparado para irse a dormir y que revisa toda la rutina que los niños llevan a cabo antes de irse a la cama. Finalmente, el libro se queda dormido.
Son libros que merece la pena tener en la biblioteca de los más pequeños y disfrutar leyendo y contando con ellos.


Atentos porque a partir del 7 de abril aparece un nuevo título: El libro enfadado, con el mismo formato de El libro que duerme. ¡Promete!

martes, 4 de octubre de 2016

La última función

Hace unas semanas, para una sesión específica, buscaba un libro álbum que contara alguna buena historia de algún clown o payaso, pero en mi biblioteca de siempre no encontré ninguno de los que había oído hablar o me habían recomendado.


Me iba ya con ese regusto a vacío cuando Susi, “mi” bibliotecaria, me dio un pequeño librito publicado por ANAYA en la colección El duende verde: La última función, escrito por Mónica Rodríguez e ilustrado por Adolfo Serra. Me dijo: “ya sé que no es lo que buscas pero a mí me gustó la historia”. 

No me costó mucho llevármelo: las ilustraciones de Serra me encantan y que a Susi le haya gustado es suficiente. Y bueno, en absoluto me sirvió para lo que necesitaba pero su lectura me ha dejado enamorada. Es un libro delicioso, muy bien escrito, que ganó en su momento el XXX Concurso de Narrativa Infantil “Vila d´Ibi”. 

Sólo el prólogo me encantó, una carta al posible lector que finaliza así: 
“Lo que de verdad he querido hacer con este libro es un homenaje a todos esos seres fabulosos que nos dan de reír y hacen que subamos tan alto que acabemos merendando con los dioses. 
Los payasos, sí. No hay oficio más bonito. Tiene narices la cosa. “
Y después comienza una historia de las que te envuelven, de las que no puedes parar de leer porque lo que cuenta tiene alma, tiene enjundia y está bien contado. Pasas las páginas como quien come. A veces es sorprendente, otras es dulcemente predecible pero siempre es un gusto leer a quien respeta a los personajes y les dota de vida real, de emociones reales, de tristeza, melancolía, gratitud, esperanza. Personajes que sientes cerca enseguida, que están maravillosamente construidos. Mónica no vende aire, no levanta falsas expectativas, no parece escribir más que para contar algo. Algunas veces echo en falta eso en los libros para los más pequeños. Algo tan sencillo y tan complejo. A veces sobra artificio y pretensiones y falta corazón y un algo bueno que contar y bien contado. 

Supongo que me fascina especialmente que Mónica se permita la tristeza y la acerque al público infantil de un modo tan delicado, poético y accesible con el impagable apoyo visual de Adolfo Serra. 

El librito cuenta con 33 capítulos de una o dos páginas cada uno, siempre titulados con el nombre de un personaje o varios. 
Narra la historia de Humberto, un viejo payaso de circo que vuelve al pueblo en el que nació cincuenta y un años después de haberse marchado para poder ser payaso. Vuelve para realizar su última función. Vuelve triste. Allí dejó a sus padres, decepcionados porque no quiso dedicarse al negocio familiar; dejó a su novia Karina, que no le quiso acompañar; dejó a su mejor amigo, que le dio la espalda cuando él se marchó. Paralelamente nos cuenta la historia de dos niños, Salvador y Saskia. Él, un niño triste y ella una niña aventurera, ambos necesitados de risas. Las vidas del anciano y los niños se cruzan, y la autora nos va presentando a otros tantos personajes, todos importantes, y va engranando perfectamente la historia hasta llegar a un final bello, amable, revelador.

Qué decir, búsquenlo, léanlo, enamórense de sus personajes, compártanlo con sus hijos o alumnos, disfruten de las bellísimas ilustraciones de Adolfo, que sabe contar con colores tan bien como Mónica con palabras.

domingo, 18 de septiembre de 2016

De 0 a 3: Perro tiene sed

PERRO TIENE SED, escrito e ilustrado por Satoshi Kitamura, y acompañado en la colección MI PRIMERA SOPA DE LIBROS de la Editorial ANAYA por otros tres títulos: Pato está sucio, Gato tiene sueño y Ardilla tiene hambre.



Perro tiene sed se publicó originariamente en 1996 en Gran Bretaña, y por Anaya en el año 2000.

martes, 30 de agosto de 2016

Lecturas refrescantes, Else Holmelund y Sendak

La lectura de los libros de la danesa Else Holmelund Minarik ilustrados por Sendak son, más que refrescantes, dulcificantes, afectuosamente reconstituyentes.


La colección es la siguiente:
Osito, de 1957 publicado por Alfaguara en 1980
Papá oso vuelve a casa, de 1959 publicado por Alfaguara en 1981
Los amigos de osito, de 1960 publicado por Alfaguara en 1984
La visita de Osito, de 1960 publicado por Alfaguara en 1981
Un beso para osito, de 1968 publicado por Alfaguara en 1982

Los cinco libros han sido recién reeditados por Kalandraka, que es la editora de Sendak en España y Portugal, de manera que están al alcance.

Se trata de unos libros sencillos, ilustrados a dos o tres tintas que recuerdan al estilo de los grabados y protagonizados por una familia de osos.
Cada libro está compuesto por cuatro cuentos. Normalmente la estructura los va hilando de manera que los tres primeros cuentos son independientes y el último los engloba a todos.
En ellos, el osito protagoniza escenas de la vida cotidiana resueltas siempre con afecto.

Por ejemplo, en Osito, podemos observar los siguientes cuatro cuentos en el INDICE.


En el primero Osito tiene frío y su mamá le va cosiendo diferentes prendas para aliviarle. La estructura es repetitiva, de modo que cada vez que se queja de frío la mamá dice: Vete frío, que mi Osito es mío. Luego le cose una prenda, se la da y Osito dice, por ejemplo: ¡Vaya! Un abrigo para el frío, ¡Qué bien! Fuera frío, que el abrigo es mío.
En el segundo cuento, es el cumpleaños de Osito y como no encuentra a su madre ni ve ningún pastel de cumpleaños piensa que ella se ha olvidado y se pone a preparar una sopa de cumpleaños con unas pocas verduras. Sus amigos vienen de uno en uno a visitarle y se van sentando a la mesa, también a través de una estructura repetitiva, hasta que al final aparece la mamá con el pastel, porque, claro, no se había olvidado.
En el tercer cuento Osito quiere volar a la luna y su madre, realista, le dice que los osos no pueden volar, que tal vez se caiga y se dé un buen porrazo. Osito se marcha orgulloso, salta y efectivamente se da un buen porrazo, pero juega a que ha caído en la luna y vuelve a casa (su casa de la luna) a la hora de comer. Su madre le dice que ella tuvo un osito de la luna que se fue a la tierra y que puede comerse su comida. El osito, entonces, dice: Mamá osa, deja de bromear. Tú eres mi Mamá Osa y yo soy tu Osito, y estamos en la Tierra y tú lo sabes.
En el último cuento, Osito antes de dormir desea muchas cosas y su mamá dice a todas que son imposibles, de modo que Osito pide un cuento, y mamá osa le narra resumidamente las tres historias anteriores, hasta que le pide que se duerma.  

Else me transmite a través de estos cuentos la necesidad de seguridad de los niños pero también de independencia, aventuras y juego, y especialmente la importancia de la familia y de los iguales. Los pequeños conflictos se resuelven siempre en un entorno afectuoso.
Los imagino perfectos para leer junto a niños de tres o cuatro años y para que los que ya empiezan a leer se aventuren solos.

¡Espero que los encuentren y los disfruten!

domingo, 21 de agosto de 2016

Lecturas refrescantes: Janosh

Hoy, dentro de las lecturas de clásicos que estoy utilizando para refrescarme este verano viajando a los años ochenta con viejas ediciones, les presento a Janosh, autor e ilustrador Polaco nacido en 1931 y que reside actualmente en mi isla, a saber dónde, que ya me gustaría a mí encontrármelo.

Los títulos que han caído en mis manos han sido EL TÍO POPPOFF, editado por Lumen en 1982, tercera edición, y BUENOS DÍAS, CERDITO, en una edición de Alfaguara de 1989. Antes de estos y en otra época había leído “¡Qué bonito es Panamá!”, en el que sus personajes Tigre y Oso, también protagonistas en “Buenos días, Cerdito” y otros muchos de sus títulos, marchan rumbo a Panamá, lugar que imaginan idílico, en un viaje repleto de aventuras y contado con sencillez y sentido del humor. Con ese libro su vida dio un vuelco y se convirtió en el clásico autor para niños que sería después, aunque él en realidad deseaba ser pintor.

El Tío Poppoff me ha parecido una lectura deliciosa. Está estructurado en capítulos breves, algunos de los cuales se pueden leer por separado. Tienen sentido único pero un ligero hilo conductor entre uno y otro los enlaza. El Tío Poppoff puede volar hasta los árboles, habla con los pájaros y los animales, hace concursos de cometas, asiste a carreras de caballitos de mar en el océano y se convierte en el rey de los espantapájaros. Todo es posible para este hombre sencillísimo cuyos quehaceres básicos en la vida son los que no cansen las manos: recoger comida para los conejos, arreglar nidos de pájaro, llevar a su casa a las mariposas que están cansadas… Es un personaje solitario y aventurero.

Una lectura tremendamente recomendable para niños mayores. Un libro poético, con humor, que deja cierto poso de tristeza y hondura.

Kalandraka ha hecho un estupendo trabajo de reedición y desde el año 2011 títulos como “Correo para el tigre”, “Qué bonito es Panamá”, “Vamos a buscar un tesoro” o “Yo te curaré, pequeño oso”, están disponibles. En las bibliotecas escolares y municipales deben andar, sin embargo, estos viejos ejemplares como los que yo he encontrado.

Como muestra, les dejo una de las historias que contiene el libro: “El regalo del pájaro”, ya que actualmente el libro está descatalogado. 

¡A disfrutar!

Pronto el invierno se echó sobre el país, y la nieve lo cubrió todo. Fue precisamente en Nochebuena cuando el tío Popoff fue al mercado de pájaros y compró uno, un pardillo.
Ese día el tío Popoff estaba solo. Y como precisamente era día de mercado en la aldea, se calzó sus guantes, se puso la gorra y emprendió el camino. Por los campos, atravesando la nieve, a la aldea y al mercado.
   Todos los años estaba en el mismo sitio un vendedor de pájaros.
   El tío Popoff estuvo bastante tiempo parado delante de las jaulas, mirando. Miraba los pájaros a la cara, porque por los ojos podía distinguir qué pájaro quería comprar.
   -¡Ése de ahí! ¿Qué le pasa? -preguntó al pajarero. En una pequeña jaula en el suelo estaba un pájaro gris que daba lástima. Miraba el suelo y no se movía. Como muerto.
   -No es más que un pardillo -dijo el pajarero-, un pájaro vulgar, no canta, no pía, no se mueve del sitio. No cuesta mucho. Una cincuenta con la jaula, pero, y esto lo digo expresamente, sin garantía.
   -Jaula ya tengo -dijo el tío Popoff-, sin jaula, ¿qué cuesta sin jaula?
   -Noventa -dijo el hombre, y el tío Popoff tampoco tenía más de noventa, que era lo que había ahorrado.
Dijo:
   -Me lo llevo.
   Y el hombre metió el pardillo en la pequeña jaula de madera que el tío Popoff llevaba en las manos.
   -¡Sin garantía! -gritó el hombre detrás-, ¡ya lo he dicho!
   El tío Popoff metió la jaula debajo de la chaqueta para que el pájaro no pasara frío y se marchó a casa.
   De vez en cuando se paraba, soplaba aire caliente a la jaula, cogía un par de pipas de girasol del bolsillo de la chaqueta, las mordía y se las ponía al pájaro.
   En casa encendió el fuego, puso el pájaro encima de la mesa, le dio comida y agua, y cuando llegó el atardecer, los dos estaban sentados a la ventana escuchando si ya se oían campanadas por el campo.
   Pronto el pájaro se había calentado, daba saltitos y cantaba un poco.
   La noche se volvió cada vez más profunda, y empezó a nevar. Se hizo el silencio en la habitación, y el fuego se apagó.
   Entonces el tío Popoff tomó la jaula, la llevó afuera, abrió la puerta y regaló de nuevo al pájaro su bosque.
   Esa noche el tío Popoff soñó con un tañer de campanas que había volado al cielo y se convirtió en una estrella.




viernes, 12 de agosto de 2016

Lecturas refrescantes: Arnold Lobel

Después de Tomi Ungerer, este veranillo de clásicos toca hablar de Arnold Lobel. Los librillos que he leído o releído de esta magnífica colección ochentera que ha caído en mis manos han sido los siguientes:


Qué les voy a decir: este autor me tiene enamorada. 

Lobel cuenta historias. Historias sencillas, accesibles, comprensibles, pero cuenta historias. Simplificadas, que no simples o simplonas. Pasan cosas y se cuentan con cierta contención poética, filosófica, con profundidad. Se cuentan bien contadas. Sus personajes son entrañables, tiernos, ingenuos, sabios como sabia es la infancia.


Se ha convertido en un clásico con mucha razón.

Por si les interesa indagar, les doy algún datillo:

Historias de ratones es muy sencillo de encontrar ya que ha sido reeditado por Kalandraka en el año 2006.
Sapo y Sepo son amigos se reeditó en 1998 y Sapo y Sepo, inseparables, también se reeditó en 2002, ambos de nuevo por Alfaguara Editorial.
Sopa de ratón, también reeditado, esta vez por Ekaré en el año 2003, es fácil de buscar por ahí.
Sin embargo, Saltamontes va de viaje no lo he encontrado reeditado en ningún sitio, y sin embargo es uno de los que más me gusta.

Sus personajes, sus sencillas pero potentes ilustraciones y su esencia me han dejado cierto poso de placidez y orden en el cuerpo, de reconciliación, de alegría.

Ojalá los encuentren, los disfruten y los compartan. No puedo menos que imaginar siempre a Lobel siendo contado como cuenta el papá ratón a sus siete ratoncitos una historia a cada uno antes de irse a dormir. 


lunes, 8 de agosto de 2016

Lecturas refrescantes: Tomi Ungerer



He recuperado cinco titulillos de Tomi Ungerer publicados en los años setenta y ochenta por Ediciones Alfaguara  para refrescar un poco la tarde. Hace no mucho que he releído Los tres bandidos, El hombre niebla y El ogro de Zeralda y tenía muchas ganas de meterle mano a estos otros.

He comenzado por Los Melops se lanzan a volar porque fue el primer libro infantil que publicó en 1957. Este título estaría seguido por otros muchos protagonizados por la misma familia de cerditos franceses preparados para afrontar cualquier dificultad. Ilustrados de forma sencilla y clara y con una imagen tremendamente narrativa, nos cuenta cómo el padre y los hijos construyen un avión y, tras echarlo a volar, afrontan las complicaciones y aventuras peligrosas que se les presentan.

He continuado con El Sombrero, editado por primera vez en 1970 y que no ha vuelto a reeditarse en España desde esta edición de Alfaguara del 78. Tomi Ungerer, autor inclasificable e incansablemente curioso nos presenta una historia protagonizada por un sombrero que se escapa de la cabeza de su dueño. El sombrero pasará a cambiar la suerte de un anciano veterano de guerra extremadamente pobre convirtiéndole en un hombre respetable gracias a su heroicidad. Las ilustraciones, vivas y dinámicas, están repletas de detalles. Todo cabe en los planos generales y es una maravilla observar algunos cambios como los planos picados. Colores vivos, fondos oscuros… mucha variedad y un encanto de historia.

Después ha venido el trío de animales: Adelaide, Emil y Rufus, editados por primera vez en los años 1959, 1960 y 1961 respectivamente. Se trata de una canguro con alas que decide vivir una vida diferente, un pulpo salvador y amigable y un murciélago que decide abandonar la oscuridad porque descubre los colores del día.  Me encanta que haya escogido estos animales tan extraños para acercar la literatura a los niños. Todos son especiales, diferentes.

Es impresionante ver desde estos años las características que ahora tanto valoramos en los álbumes ilustrados. El libro de Rufus recuerda mucho con sus fondos azules y sus personajes delineados en negro a Los tres bandidos. Fondos contrastados, figuras incompletas, personajes que están llegando por el borde de la página y de los que sólo se observa una parte, historias paralelas en la ilustración de la que nada se dice en el texto…

En fin, me ha encantado acercarme un poco más a este ilustrador octogenario que tanta polémica ha causado durante su vida.

Si quieres saber más sobre él, te enlazo este estupendo post del blog de Ana Tarambana.

¡Feliz noche y felices lecturas frescas!

martes, 8 de octubre de 2013

PABLO ALBO, así, en general

Debo reconocer que siento debilidad por este autor y narrador. No he leído todos sus libros y apenas le he oído narrar un par de veces (ninguna sesión completa), pero la verdad es que, como decía mi abuela, “no hay máh que velo pa querelo”.
Yo le quería desde el principio. Desde mi principio, quiero decir. Mucho antes de andar fijándome detenidamente en nombres de autores e ilustradores ya contaba EL TRAGALDABAS, MELENA o EL ÚLTIMO CANTO o recomendaba INÉS AZUL. Después, cuando me he dado cuenta de que todos ellos respondían al mismo autor, me ha dado qué pensar: pues va a ser que me gusta este muchacho.
Solo quería recomendar la lectura de algunos de sus títulos, ya que trata con maestría los asuntos más triviales y los más fundamentales, jugando de un modo ingenioso con las palabras, dotándolas de un sentido y vida extraordinarios y haciéndolo con delicadeza y cuidado. Da la sensación de que todo tiene su lugar, de que está ahí por algo, y esa habilidad para dar sensación de espontaneidad y ligereza ahondando a la vez hasta los recodos más profundos me fascina. Me divierte su surrealismo, su forma de jugar e incluirte en el juego, sus guiños, sus imágenes poéticas, su versatilidad.
 Las ilustraciones que suelen acompañar sus textos son dignas de calma, atención y silencio. El sentido del humor que desprende y que te pilla siempre desprevenido, la sensibilidad con que aborda sus álbumes más intimistas y la amplitud de temas que trata cuando abarcas su obra hacen que sea muy sencillo “quererle”.
Así que lo dicho: les dejo algunos títulos reseñándolos someramente. PINCHANDO AQUÍ, de todos modos, pueden acceder a su página y conocerle mejor. Encontrarán información de las sesiones que realiza, sus publicaciones, cursos, interesantes artículos y demás. Si tienen la oportunidad de ir a alguna de sus sesiones de cuentos, por favor: no se lo pierdan.

Como pollo sin cabeza (OQO, 2011, ilustraciones de Mikel Mardones). Una historia surrealista y divertidísima sobre una comunidad de pollos zombis que siembran el terror por las calles del pueblo sin que los vecinos puedan hacer nada para solucionarlo. Ilustraciones híper expresivas, inquietantes y repletas de detalles.

Andrés cabeza abajo (OQO, 2010, ilustraciones de Roger Olmos). Cuento de estructura acumulativa, que, al estilo de las matrioskas rusas, nos cuenta la historia de Andrés, un niño que es tan pesimista porque tiene mala suerte, o tiene tanta mala suerte porque es tan pesimista que es engullido una y otra vez por diferentes personajes temibles de cuentos, hasta que decide que debe pasar a la acción y luchar por salir las cosas que los animales se comen. Las ilustraciones de este álbum son especialmente llamativas, bellísimas y repletas de detalles.

El tragaldabas (OQO, 2006, ilustraciones de Maurizio A. C. Quarello). Un álbum basado en un cuento tradicional que encanta a grandes y pequeños. Uno de los primeros álbumes que conté y que siempre ha sido un rotundo éxito. Una historia que consigue crear, combinando texto e ilustración, una atmósfera de intriga y terror que atrapa.


El último canto (OQO, 2009, ilustraciones de Miguel Ángel Díez). Una preciosidad de historia que aborda poéticamente pero de un modo accesible y con algo de humor el paso del tiempo, la muerte y la continuidad de la vida. Magníficas y vitales ilustraciones de Miguel Ángel Díez.



37 tortugas (M1C, 2009, ilustraciones de Inés Vilpi). 37 tortugas van caminando, no tienen prisa pero van que te van. Van que te van, pero no saben adónde van. Usando estructura repetitiva e ilustraciones alegres y vivarachas, estas tortugas nos llevan a un divertidísimo paseo. Una historia estupenda para contar a los más pequeños.



Inés azul (Thule, 2009, ilustraciones de Pablo Auladell). Poesía pura. Un libro azul que recuerda al término “blue” en inglés: melancolía. Transmite la esencia de la ausencia y la pérdida. Un álbum al que volver una y otra vez. Inés extraña a Miguel, y tras mucho tiempo de espera, decide plantar la semilla de un árbol centenario para verlo crecer y regarlo cada vez que se acuerde de él. Las ilustraciones de Pablo Auladell son para perderse.


Alas y olas (Bárbara Fiore, 2011, ilustraciones de Pablo Auladell). Más poesía visual y textual. Un álbum para los mayores, para detenerse y deleitarse en la maravilla que este dúo de Pablos nos ofrece. La atmósfera hechizante en que nos sumergen sus personajes, en mitad de un tiempo incierto, en un espacio tenue y borroso, da pie a vivir desde dentro el amor, el deseo, la ternura de lo intocable.


Bajo mi cama, una estrella (Oxford, 2010, ilustraciones de Anuska Allepuz). Un libro muy recomendable para niños que están empezando a leer. La Luna pide a Miguel que la ayude a buscar una estrella que se le ha perdido, y él quiere ayudarla, pero su habitación está repleta de... monstruos.



Debajo de la higuera no hay ningún tesoro (Anaya, 2010, ilustraciones de Miguel Ángel Díez). Este sencillo cuento me resultó absolutamente delicioso. La búsqueda del tesoro que lleva a cabo Paula al ir a visitar a su abuelo se convertirá en un viaje transformador en el que el objetivo final no será lo esencial. Un libro realmente encantador y muy recomendable.



Melena (Factoría K, 2009, ilustraciones de Riki Blanco). Una historia que me atrapó desde la primera lectura. Es perfecta para ser contada oralmente (de hecho forma parte de mi repertorio habitual), ya que parte de una anécdota infantil y continúa desarrollándose mezclando lo real con lo surrealista de una forma divertida y poética.  

lunes, 30 de septiembre de 2013

Mis dos últimas lecturas juveniles


Mis dos últimas lecturas juveniles no han podido ser más dispares, aunque tienen en común su cercana fecha de publicación. Por un lado, Años difíciles, de Juan Farias, publicada en 1982 y, por otro, La maravillosa medicina de Jorge, de Roald Dahl, publicada en 1981.

 AÑOS DIFÍCILES
Autor: Juan Farias
Ilustradora: Reyes Díaz
Año: 1982
Editorial: Miñón
Este libro, publicado por la editorial Miñón, 1982 (esa es la edición que ha llegado a mis manos), forma parte de una trilogía llamada “Crónicas de media tarde”, que aúna “Años difíciles” con dos historias más: El barco de los peregrinos (1983) y El guardián del silencio (1985). Si no me equivoco, puede encontrarse esta trilogía recientemente reeditada por Ediciones Gaviota (2005).
Juan Farias  (1935-2011) nos cuenta en este libro una historia difícil, dura, triste. Podría, a priori, decirse que no es un libro para acercar a la infancia, pero como comenta Fernando Altés Bustelo en el prólogo, se trata de una historia muy real y lo peor que se puede hacer con los niños es ocultarles la verdad".
Comienza con la llegada de la Guerra Civil a un pequeño pueblecito español llamado Media tarde. El ahora adulto Juan de Luna es quien nos cuenta el relato, evocando su pasado infantil en aquel pueblo durante esos años.
El tono evocador y poético que utiliza Farias, sencillo y de una profundidad conmovedora, ayuda a dibujar perfectamente las escenas que se suceden a lo largo de la historia.
La Guerra se ve venir desde lejos, pero se ve venir. No se oye un solo tiro, pero se sabe que hay guerra. Los miembros del pueblo se dividen entre los que son como Don Pablo, el futuro alcalde, Don Jacobo, el maestro, o los desertores, entre los que se encuentra el padre de Juan de Luna.
Es una obra que he dado a leer a algunos adultos y que ha sido tremendamente evocadora. Yo la recomendaría para niños a partir de 11 o 12 años, que no entenderían lo mismo leyendo solos que acompañados de un adulto que les ayude a construir el sentido de lo que Farias calla.
Con este libro el autor entró en la Lista de Honor del IBBY 1984 y en la Lista de Honor del Premio CCEI del mismo año.

LA MARAVILLOSA MEDICINA DE JORGE
Autor: Roald Dahl
Ilustrador: Quentin Blake
Año: 2002
Editorial: Alfaguara Infantil
Cuando uno toma entre sus manos un libro de Roald Dahl e ilustrado por Quentin Blake que no conoce aún sabe que va a  comenzar una historia hilarante y repleta de surrealismo e ironía. Tal y como esperaba, así ha sucedido con este.
Caemos de plano en una granja donde viven Jorge, de ocho años, sus padres y su desagradable abuela. Leyendo el modo en que describe a esta última te haces una idea de lo que te espera: “La mayoría de las abuelas son señoras encantadoras, amables y serviciales, pero esta, no. Se pasaba los días enteros sentada en su sillón junto a la ventana y estaba siempre quejándose, gruñendo, refunfuñando y rezongando por una cosa u otra (...). Al parecer, no le importaba más que ella misma. Era una miserable protestona.
Jorge queda a su cargo y debe darle a su hora la medicina y servirle el té, pero la abuela le asusta tanto y es tan insoportable que decide preparar él mismo una medicina mágica, especial, que “o la cura completamente o le volará la cabeza”. Así, prepara una poción donde mezcla ingredientes de lo más disparatados, desde pasta de dientes o detergente a aceite de motor, pintura marrón o antiparásitos para perros.
Cuando la abuela la toma, comienza a crecer y a hacerse cada vez más delgada hasta que atraviesa el tejado de la casa. Jorge lo prueba también con una gallina a la que hace crecer y poner huevos del tamaño de balones.
El padre de Jorge, al volver a casa y observar tal maravilla, decide dar a probar tal mejunje a todos los animales, que crecen desproporcionadamente. Previendo un fructífero negocio, obliga a Jorge a repetir la medicina, y así, capítulo tras capítulo, Jorge y su padre preparan medicinas a las que siempre le falta algo que tenía la primera, y van provocando cambios de lo más inverosímiles.

Un libro sencillo, repleto de sentido del humor y perfecto para engancharnos a su lectura desde la primera página.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La Segunda Guerra Mundial y el libro álbum

¡Buenas noches! Asomo brevemente la cabeza para compartir con ustedes un  conjunto de libros álbum que dan la vuelta a la percepción que muchos adultos y niños que ya leen bien tienen en torno a este tipo de libros. Esas ideas de que “los libros con muchas imágenes son para niños pequeños” me encanta destruirlas de un plumazo mostrando este tipo de publicaciones. Como ya sabemos, hay libros álbum para todas las edades, y hay una época muy atractiva, cuando comienzan a aprender historia y a conocer los ires y venires del humano por el mundo, sus hazañas, su capacidad, su crueldad... en que estos libros que les traigo pueden ser muy “ilustrativos”, así que les presento algunos títulos (algunas pequeñas obras de arte) relacionados con la Segunda Guerra Mundial, la mayoría concretamente sobre el Holocausto. Empiezo por los dos más duros y sigo con los más “amables”. Verán que hay varios títulos ilustrados por Innocenti, un artista que merece el detenimiento y la sensibilidad del buen observador. 

ROSA BLANCA
Roberto Innocenti (Idea y acuarelas)
Texto de Christophe Gallaz.
Lóguez Ediciones, 2002 (publicado por primera vez en 1987)

La Rosa Blanca fue un grupo de resistencia organizado durante la Segunda Guerra Mundial formado por jóvenes estudiantes que defendían las ideas de libertad, tolerancia y justicia. Sophie Scholl era una de esos estudiantes que había decidido luchar pacíficamente contra el régimen nazi. Su destino fue trágico: ella, su hermano y los otros fundadores del grupo fueron capturados por la Gestapo y condenados a muerte.
Innocenti quiso recoger ese espíritu solidario y pacifista para dar forma a esta obra, y la Rosa Blanca da nombre a la protagonista de esta historia, una niña alemana que observa al mundo cambiar ante su ventana y ante las calles que conoce: tropas y vehículos militares que no se sabe qué transportan ni hacia dónde. La niña los sigue y descubre un campo de concentración, entabla relación con un niño prisionero y a partir de ese día la niña visitará muchas más veces el campo, llevando comida a los condenados. 
Al cabo de un tiempo, las autoridades y los soldados se retiran incomprensiblemente para la niña, que decide visitar otra vez el campo de concentración. Cuando llega, el lugar está abandonado.
Un soldado asustado y escondido entre la maleza, para el que el enemigo está en todas partes, dispara. La niña no regresa a casa. 

HUMO
Antón Fortes

Ilustraciones de Joanna Concejo

OQO, 2008
Este libro nos cuenta en primera persona la realidad de un niño anónimo en un campo de concentración nazi. Las imágenes, siempre intensas, en colores suaves y sepia, están repletas de metáforas y detalles, de símbolos. Conmueven. Despiertan página tras página la certeza del sufrimiento y la duda, el hambre, frío, enfermedad, violencia y muerte. La separación, el desarraigo y la nostalgia dan paso en pleno lager a la amistad y la solidaridad, al instinto de protección de una madre que sufre y un niño que no entiende, a la presencia de un nuevo amigo: Vadío, el único con nombre en la historia.
El niño, de forma recurrente, compara la cruel realidad en que se encuentra con la vida que llevaba anteriormente, esa vida de la que fue arrancado como todos.
El libro es de una belleza intensa. El desenlace lo resuelve la inocencia.

LA HISTORIA DE ERIKA
Ruth Vander Zee
Ilustraciones de Roberto Innocenti
Kalandraka, 2004

Lo primero que llama la atención de este libro es un troquelado en su portada de la estrella de David, símbolo que debían llevar obligatoriamente los judíos durante el régimen para ser fácilmente reconocidos. Las guardas son amarillas, y cuando se quita la estrella del troquelado, se observa la portada con la silueta amarilla de la estrella.
El libro nos sitúa en 1995, 50 años después del fin de la 2ª Guerra Mundial, en la que la autora nos cuenta en primera persona que conoció a la protagonista de esta historia. Lo hace en el apartado “nota de la autora” que es ilustrado por Innocenti maravillosamente. Luego Erika nos narra su propia historia: la de una superviviente al Holocausto que salvó su vida gracias a que su madre pudo lanzarla al exterior desde uno de los vagones de los trenes que llevaban a los judíos a los campos.
La maquetación del libro es complicada y no me gusta especialmente el modo en que se presenta el texto, ya que no está justificado, el espaciado es amplio y cada párrafo está separado del anterior por una pequeña estrella de David, sin que se ubique de un modo concreto en la página para que colabore con las ilustraciones. Da la sensación de que el texto “va por su cuenta”. Lo que cuenta, eso sí, es magnífico, contado con poética sencillez. Muy recomendable.

EL ÁNGEL DEL ABUELO
Jutta Bauer
Lóguez, 2002


Este es uno de mis favoritos. La fascinante Jutta Bauer nos acerca una narración de esas que hacen que la fusión de imagen y texto en un álbum tenga sentido: nos cuenta una historia a través del texto y otra a través de la ilustración. Mediante el texto conocemos a un niño que nos dice que a su abuelo le encantaba hablarle de su vida siempre que le visitaba. Y nos ilustra a partir de ahí a doble página y con el texto inmerso dentro de la imagen, la narración que hace el abuelo: era un hombre que sorteó desde niño todo tipo de peligros sin problema. Llevó  una vida sorprendente, repleta de peligros, incluida la guerra cuando se hizo adulto. Sin embargo, a pesar del hambre y los terribles esfuerzos, salió adelante, llegó a ser padre y después abuelo. Su vida fue difícil pero también muy hermosa. “Yo tuve mucha suerte”, comenta al final.  Y puede que sea el nexo de unión que nos llevaría a la imagen si no la hubiéramos contemplado con detenimiento, ya que “tuvo mucha suerte” porque el abuelo tenía un ángel (femenino) que le acompañó toda su vida haciéndole más fáciles los más terribles momentos y cuidando de que nada le pasara. A lo largo de toda la narración se habla del ángel como la estatua que había en el centro de la plaza a la que él no miraba (lo hace en una de las primeras páginas y de pasada), pero aparece en todas y cada una de las ilustraciones protegiendo al abuelo, y luego al nieto, y afirmando, negando e ironizando acerca de lo que el abuelo cuenta.
Un álbum repleto de humor, difícil porque requiere la plena actividad del lector que interpreta lo que lee en imagen y texto. Absolutamente recomendable.

 OTTO. Autobiografía de un osito de peluche
Tomi Ungerer
Ediciones B (2011). Editado por primera vez en Suiza en 1999.  
Otto, un osito de peluche, nos cuenta en primera persona su historia desde su nacimiento en un taller alemán hasta su vejez. Después de nacer es regalado a su futuro dueño: David, un niño judío que tiene como vecino a Oskar. Ambos juegan y viven diferentes aventuras y travesuras con el osito, incluida el enseñarle a escribir a máquina, juego del que sale manchado con tinta en una de sus orejas.
Un día unos soldados se llevan a David y a su familia y Oskar se queda con Otto. También marcha el padre de Oskar a la guerra. Comienzan los bombardeos y una gran cantidad de escenas crueles nos muestra cómo Otto se separa de Oskar en una explosión y lo encuentra un soldado que lo recoge del suelo justo cuando una bala se dirige hacia él. La bala salva al soldado ya que es amortiguada por el osito, y cuando el soldado vuelve a su hogar en Estados Unidos, se lo lleva. Allá sigue pasando por diferentes dueños y viviendo distintas aventuras hasta que termina en un anticuario. Muchos años después, un hombre muy mayor reconoce a su antiguo osito por la mancha de tinta en la oreja y lo compra. Es Oskar. La noticia de que el superviviente alemán encontró a su osito después de tantos años en Estados Unidos hace que David, que también sobrevivió, se ponga en contacto con él.
Así, en la vejez, los tres amigos vuelven a reunirse, y en medio de esa paz y esa normalidad (la resultante de la ausencia de la guerra), el osito, para no aburrirse (tal y como él cuenta), escribe su historia.
Un libro cálido, entrañable, accesible, cuyas ilustraciones, cargadas de dramatismo, no escatiman en realismo.

Y aquí termino. A compartir se ha dicho.