miércoles, 4 de septiembre de 2013

La Segunda Guerra Mundial y el libro álbum

¡Buenas noches! Asomo brevemente la cabeza para compartir con ustedes un  conjunto de libros álbum que dan la vuelta a la percepción que muchos adultos y niños que ya leen bien tienen en torno a este tipo de libros. Esas ideas de que “los libros con muchas imágenes son para niños pequeños” me encanta destruirlas de un plumazo mostrando este tipo de publicaciones. Como ya sabemos, hay libros álbum para todas las edades, y hay una época muy atractiva, cuando comienzan a aprender historia y a conocer los ires y venires del humano por el mundo, sus hazañas, su capacidad, su crueldad... en que estos libros que les traigo pueden ser muy “ilustrativos”, así que les presento algunos títulos (algunas pequeñas obras de arte) relacionados con la Segunda Guerra Mundial, la mayoría concretamente sobre el Holocausto. Empiezo por los dos más duros y sigo con los más “amables”. Verán que hay varios títulos ilustrados por Innocenti, un artista que merece el detenimiento y la sensibilidad del buen observador. 

ROSA BLANCA
Roberto Innocenti (Idea y acuarelas)
Texto de Christophe Gallaz.
Lóguez Ediciones, 2002 (publicado por primera vez en 1987)

La Rosa Blanca fue un grupo de resistencia organizado durante la Segunda Guerra Mundial formado por jóvenes estudiantes que defendían las ideas de libertad, tolerancia y justicia. Sophie Scholl era una de esos estudiantes que había decidido luchar pacíficamente contra el régimen nazi. Su destino fue trágico: ella, su hermano y los otros fundadores del grupo fueron capturados por la Gestapo y condenados a muerte.
Innocenti quiso recoger ese espíritu solidario y pacifista para dar forma a esta obra, y la Rosa Blanca da nombre a la protagonista de esta historia, una niña alemana que observa al mundo cambiar ante su ventana y ante las calles que conoce: tropas y vehículos militares que no se sabe qué transportan ni hacia dónde. La niña los sigue y descubre un campo de concentración, entabla relación con un niño prisionero y a partir de ese día la niña visitará muchas más veces el campo, llevando comida a los condenados. 
Al cabo de un tiempo, las autoridades y los soldados se retiran incomprensiblemente para la niña, que decide visitar otra vez el campo de concentración. Cuando llega, el lugar está abandonado.
Un soldado asustado y escondido entre la maleza, para el que el enemigo está en todas partes, dispara. La niña no regresa a casa. 

HUMO
Antón Fortes

Ilustraciones de Joanna Concejo

OQO, 2008
Este libro nos cuenta en primera persona la realidad de un niño anónimo en un campo de concentración nazi. Las imágenes, siempre intensas, en colores suaves y sepia, están repletas de metáforas y detalles, de símbolos. Conmueven. Despiertan página tras página la certeza del sufrimiento y la duda, el hambre, frío, enfermedad, violencia y muerte. La separación, el desarraigo y la nostalgia dan paso en pleno lager a la amistad y la solidaridad, al instinto de protección de una madre que sufre y un niño que no entiende, a la presencia de un nuevo amigo: Vadío, el único con nombre en la historia.
El niño, de forma recurrente, compara la cruel realidad en que se encuentra con la vida que llevaba anteriormente, esa vida de la que fue arrancado como todos.
El libro es de una belleza intensa. El desenlace lo resuelve la inocencia.

LA HISTORIA DE ERIKA
Ruth Vander Zee
Ilustraciones de Roberto Innocenti
Kalandraka, 2004

Lo primero que llama la atención de este libro es un troquelado en su portada de la estrella de David, símbolo que debían llevar obligatoriamente los judíos durante el régimen para ser fácilmente reconocidos. Las guardas son amarillas, y cuando se quita la estrella del troquelado, se observa la portada con la silueta amarilla de la estrella.
El libro nos sitúa en 1995, 50 años después del fin de la 2ª Guerra Mundial, en la que la autora nos cuenta en primera persona que conoció a la protagonista de esta historia. Lo hace en el apartado “nota de la autora” que es ilustrado por Innocenti maravillosamente. Luego Erika nos narra su propia historia: la de una superviviente al Holocausto que salvó su vida gracias a que su madre pudo lanzarla al exterior desde uno de los vagones de los trenes que llevaban a los judíos a los campos.
La maquetación del libro es complicada y no me gusta especialmente el modo en que se presenta el texto, ya que no está justificado, el espaciado es amplio y cada párrafo está separado del anterior por una pequeña estrella de David, sin que se ubique de un modo concreto en la página para que colabore con las ilustraciones. Da la sensación de que el texto “va por su cuenta”. Lo que cuenta, eso sí, es magnífico, contado con poética sencillez. Muy recomendable.

EL ÁNGEL DEL ABUELO
Jutta Bauer
Lóguez, 2002


Este es uno de mis favoritos. La fascinante Jutta Bauer nos acerca una narración de esas que hacen que la fusión de imagen y texto en un álbum tenga sentido: nos cuenta una historia a través del texto y otra a través de la ilustración. Mediante el texto conocemos a un niño que nos dice que a su abuelo le encantaba hablarle de su vida siempre que le visitaba. Y nos ilustra a partir de ahí a doble página y con el texto inmerso dentro de la imagen, la narración que hace el abuelo: era un hombre que sorteó desde niño todo tipo de peligros sin problema. Llevó  una vida sorprendente, repleta de peligros, incluida la guerra cuando se hizo adulto. Sin embargo, a pesar del hambre y los terribles esfuerzos, salió adelante, llegó a ser padre y después abuelo. Su vida fue difícil pero también muy hermosa. “Yo tuve mucha suerte”, comenta al final.  Y puede que sea el nexo de unión que nos llevaría a la imagen si no la hubiéramos contemplado con detenimiento, ya que “tuvo mucha suerte” porque el abuelo tenía un ángel (femenino) que le acompañó toda su vida haciéndole más fáciles los más terribles momentos y cuidando de que nada le pasara. A lo largo de toda la narración se habla del ángel como la estatua que había en el centro de la plaza a la que él no miraba (lo hace en una de las primeras páginas y de pasada), pero aparece en todas y cada una de las ilustraciones protegiendo al abuelo, y luego al nieto, y afirmando, negando e ironizando acerca de lo que el abuelo cuenta.
Un álbum repleto de humor, difícil porque requiere la plena actividad del lector que interpreta lo que lee en imagen y texto. Absolutamente recomendable.

 OTTO. Autobiografía de un osito de peluche
Tomi Ungerer
Ediciones B (2011). Editado por primera vez en Suiza en 1999.  
Otto, un osito de peluche, nos cuenta en primera persona su historia desde su nacimiento en un taller alemán hasta su vejez. Después de nacer es regalado a su futuro dueño: David, un niño judío que tiene como vecino a Oskar. Ambos juegan y viven diferentes aventuras y travesuras con el osito, incluida el enseñarle a escribir a máquina, juego del que sale manchado con tinta en una de sus orejas.
Un día unos soldados se llevan a David y a su familia y Oskar se queda con Otto. También marcha el padre de Oskar a la guerra. Comienzan los bombardeos y una gran cantidad de escenas crueles nos muestra cómo Otto se separa de Oskar en una explosión y lo encuentra un soldado que lo recoge del suelo justo cuando una bala se dirige hacia él. La bala salva al soldado ya que es amortiguada por el osito, y cuando el soldado vuelve a su hogar en Estados Unidos, se lo lleva. Allá sigue pasando por diferentes dueños y viviendo distintas aventuras hasta que termina en un anticuario. Muchos años después, un hombre muy mayor reconoce a su antiguo osito por la mancha de tinta en la oreja y lo compra. Es Oskar. La noticia de que el superviviente alemán encontró a su osito después de tantos años en Estados Unidos hace que David, que también sobrevivió, se ponga en contacto con él.
Así, en la vejez, los tres amigos vuelven a reunirse, y en medio de esa paz y esa normalidad (la resultante de la ausencia de la guerra), el osito, para no aburrirse (tal y como él cuenta), escribe su historia.
Un libro cálido, entrañable, accesible, cuyas ilustraciones, cargadas de dramatismo, no escatiman en realismo.

Y aquí termino. A compartir se ha dicho.

            

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