domingo, 21 de agosto de 2016

Lecturas refrescantes: Janosh

Hoy, dentro de las lecturas de clásicos que estoy utilizando para refrescarme este verano viajando a los años ochenta con viejas ediciones, les presento a Janosh, autor e ilustrador Polaco nacido en 1931 y que reside actualmente en mi isla, a saber dónde, que ya me gustaría a mí encontrármelo.

Los títulos que han caído en mis manos han sido EL TÍO POPPOFF, editado por Lumen en 1982, tercera edición, y BUENOS DÍAS, CERDITO, en una edición de Alfaguara de 1989. Antes de estos y en otra época había leído “¡Qué bonito es Panamá!”, en el que sus personajes Tigre y Oso, también protagonistas en “Buenos días, Cerdito” y otros muchos de sus títulos, marchan rumbo a Panamá, lugar que imaginan idílico, en un viaje repleto de aventuras y contado con sencillez y sentido del humor. Con ese libro su vida dio un vuelco y se convirtió en el clásico autor para niños que sería después, aunque él en realidad deseaba ser pintor.

El Tío Poppoff me ha parecido una lectura deliciosa. Está estructurado en capítulos breves, algunos de los cuales se pueden leer por separado. Tienen sentido único pero un ligero hilo conductor entre uno y otro los enlaza. El Tío Poppoff puede volar hasta los árboles, habla con los pájaros y los animales, hace concursos de cometas, asiste a carreras de caballitos de mar en el océano y se convierte en el rey de los espantapájaros. Todo es posible para este hombre sencillísimo cuyos quehaceres básicos en la vida son los que no cansen las manos: recoger comida para los conejos, arreglar nidos de pájaro, llevar a su casa a las mariposas que están cansadas… Es un personaje solitario y aventurero.

Una lectura tremendamente recomendable para niños mayores. Un libro poético, con humor, que deja cierto poso de tristeza y hondura.

Kalandraka ha hecho un estupendo trabajo de reedición y desde el año 2011 títulos como “Correo para el tigre”, “Qué bonito es Panamá”, “Vamos a buscar un tesoro” o “Yo te curaré, pequeño oso”, están disponibles. En las bibliotecas escolares y municipales deben andar, sin embargo, estos viejos ejemplares como los que yo he encontrado.

Como muestra, les dejo una de las historias que contiene el libro: “El regalo del pájaro”, ya que actualmente el libro está descatalogado. 

¡A disfrutar!

Pronto el invierno se echó sobre el país, y la nieve lo cubrió todo. Fue precisamente en Nochebuena cuando el tío Popoff fue al mercado de pájaros y compró uno, un pardillo.
Ese día el tío Popoff estaba solo. Y como precisamente era día de mercado en la aldea, se calzó sus guantes, se puso la gorra y emprendió el camino. Por los campos, atravesando la nieve, a la aldea y al mercado.
   Todos los años estaba en el mismo sitio un vendedor de pájaros.
   El tío Popoff estuvo bastante tiempo parado delante de las jaulas, mirando. Miraba los pájaros a la cara, porque por los ojos podía distinguir qué pájaro quería comprar.
   -¡Ése de ahí! ¿Qué le pasa? -preguntó al pajarero. En una pequeña jaula en el suelo estaba un pájaro gris que daba lástima. Miraba el suelo y no se movía. Como muerto.
   -No es más que un pardillo -dijo el pajarero-, un pájaro vulgar, no canta, no pía, no se mueve del sitio. No cuesta mucho. Una cincuenta con la jaula, pero, y esto lo digo expresamente, sin garantía.
   -Jaula ya tengo -dijo el tío Popoff-, sin jaula, ¿qué cuesta sin jaula?
   -Noventa -dijo el hombre, y el tío Popoff tampoco tenía más de noventa, que era lo que había ahorrado.
Dijo:
   -Me lo llevo.
   Y el hombre metió el pardillo en la pequeña jaula de madera que el tío Popoff llevaba en las manos.
   -¡Sin garantía! -gritó el hombre detrás-, ¡ya lo he dicho!
   El tío Popoff metió la jaula debajo de la chaqueta para que el pájaro no pasara frío y se marchó a casa.
   De vez en cuando se paraba, soplaba aire caliente a la jaula, cogía un par de pipas de girasol del bolsillo de la chaqueta, las mordía y se las ponía al pájaro.
   En casa encendió el fuego, puso el pájaro encima de la mesa, le dio comida y agua, y cuando llegó el atardecer, los dos estaban sentados a la ventana escuchando si ya se oían campanadas por el campo.
   Pronto el pájaro se había calentado, daba saltitos y cantaba un poco.
   La noche se volvió cada vez más profunda, y empezó a nevar. Se hizo el silencio en la habitación, y el fuego se apagó.
   Entonces el tío Popoff tomó la jaula, la llevó afuera, abrió la puerta y regaló de nuevo al pájaro su bosque.
   Esa noche el tío Popoff soñó con un tañer de campanas que había volado al cielo y se convirtió en una estrella.




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